Nosotros también tuvimos nuestro Adán criollo, a quien Dios, de una costilla le formó una Eva que le presentó como compañera. Luego de la china le trajo el pingo, para la Lidia del trabajo y de la diversión, del paseo o de la carreras. El pingo no se presta, como la guitarra, que también la regaló para endulzar los pesares, para ensayar estilos, triste y vidalitas, donde volcar la poesía de su alma.

Más adelante, para defenderlo de la intemperie, le construyó el rancho en cuyos horcones se colgaría una rústica cama y en cuyo fogón se asaría el churrasco para alimentarse. Después le trajo el perro vigilante, y la alondra matinal de la calandria autóctona para, en la aurora, despertarlo con su música desde la enramada. Y el hombre con todos esos tesoros aún parecía no estar contento, y Dios le preguntó:

-¿Qué te falta?

Y el paisano le contestó filosofando:

-Todo pasa, tata Dios, menos el dolor... Mi mujer se puede ir con otro; habrá momentos en los cuales no tendré ganas de cantar; cuando sea viejo no montaré el pingo; el hijo hará rancho aparte; se puede alzar el perro; caerse la casa... Y a mí no me restaría un compañero. Un compañero para contarle despacito las penas, las tristezas de la vida; que me haga sentir su caliente mano de varón y que sea callado y fiel.

Entonces, Dios le regaló el mate amargo.

Extraído de «Fábulas y cuentos populares» por Adolfo Montiel Ballesteros

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En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”. “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”. "Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”. Ghandi

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