Qué placer volver a traerles leyendas, cuentos, mitos y cosas de mi tierra. He estado bastante atareada laboralmente y en algunos momentos un poco enferma pero ya estoy recuperándome. 

Como todos saben éste verano estuve por las tierras del sur de mi linda Argentina, tierras no solo llenas de bellezas naturales y paisajes maravillosos sino que con una riqueza cultural y lingüística que deja pasmado al más pintado.

De a poco voy a ir subiendo tanta cultura que a en lo personal me tiene fascinada.

Espero que lo disfruten tanto como yo.


Cono austral de América del Sur

Pehuenes en la cordillera neuquina.

“Cuenta la leyenda que la aparición de Nguenechén salvó a la comunidad mapuche de la hambruna que entonces padecían, haciendo crecer el Pehuén en los grandes bosques del sur y ofrendándolos a los habitantes de lugar.”

Cuenta la leyenda que desde siempre, Nguenechén hizo crecer al Pehuén en grandes bosques. Al principio, los nativos, al considerarlo un árbol sagrado, lo veneraban y no comían piñones. Rezaban a su sombra, ofreciéndole regalos: carne, sangre, humo y hasta conversaban con él y le confesaban sus malas acciones. Los frutos los dejaban en el piso sin utilizarlos.

Ocurrió una vez que, durante varios años en toda la comarca hubo gran escasez de alimentos y los nativos pasaban mucha hambre; morían, especialmente, niños y ancianos. Ante esta situación los jóvenes marchaban del lugar en busca de alimentos: bulbos de amancay, hierbas, bayas, raíces y carne de animales silvestres. Pero todos volvían con las manos vacías. Parecía que Dios no escuchaba el clamor de su pueblo y la gente seguía muriendo de hambre.

Pero Nguenechén no los abandonó..., y sucedió que cuando uno de los jóvenes regresaba al lugar, con afición por no lograr sustento, encontró en su solitario camino un anciano de larga barba blanca que estaba esperándolo.

-¿Qué buscas hijo? -le preguntó.
-Alimento para mis hermanos de tribu que se mueren de hambre, y por desgracia no he encontrado nada.
-¡Tantos piñones que ves por el piso bajo los pehuenes!, ¿No son comestibles?.
-Los frutos del árbol sagrado son venenosos, abuelo -contestó el joven.

Y el anciano de barba blanca lo miró sonriente mientras le dijo con firmeza:
-Hijo, de ahora en adelante los recibiréis como un don de Nguenechén. Hervidlos para que se ablanden, o tostadlos al fuego y tendréis un manjar delicioso. Haced buen acopio, guardadlos en silos subterráneos y tendréis comida todo el invierno.

Dicho esto, el anciano desapareció en la bruma. Y el joven, asombrado, siguió su consejo. Recogió en su manto gran cantidad de piñones y los llevó al cacique de la tribu explicándole lo sucedido. Enseguida se reunieron todos en asamblea, y el jefe contó lo acaecido, hablándoles así: “Nguenechén bajó a la tierra para ayudarnos. Seguiremos sus consejos y nos alimentaremos con el fruto del árbol sagrado, que sólo a él pertenece”

Enseguida comieron en abundancia piñones hervidos y tostados, y festejaron el acontecimiento con una gran fiesta. Desde entonces desapareció la escasez y todos los años cosechaban grandes cantidades de piñones que guardaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo.

Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de Pehuén, los mapuche rezan mirando al cielo en rezo elevado a Nguenechén: "A ti de debemos nuestra vida, y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados".




(1) Mapuche Frecuentemente suele utilizarse la palabra "mapuches", la cual es una castellanización del vocablo. No hay flexión en número con "s" final, en la lengua mapuche. El plural se lexicaliza, es decir, se determina con otra palabra. Son los mapuche. El plural estaría dado por el artículo.


(2) Pehuén (Araucaria) es un árbol típico de esta región. Puede alcanzar hasta 40 metros de altura y tiene forma de pirámide cuando es joven, y más tarde de una enorme sombrilla. Crece muy lentamente. Sus ramas son un poco arqueadas hacia arriba con hojas duras y punzantes. Su floración es unisexual: unos árboles producen el polen y otros dan la piña que es fecundada por el polen llevado por el viento. Una vez madura, cada piña tiene entre 200 y 300 piñones y cada árbol puede madurar unas 30 piñas.

Estos piñones son muy nutritivos y eran el alimento básico de los mapuche que los consumían cocidos o tostados. Con ellos, preparan el mudai, bebida fermentada, y el kofkekura, pan hecho con harina de piñones y amasado sobre una piedra. Utilizaban también la resina que segrega la corteza del árbol como medicina cicatrizante.

Lo consideraban árbol sagrado y algunas de sus ramas formaban el altar -rehue-, en su rogativa al Nguechen.


(3) Es de destacar, que el concepto de Nguenechén no refiere a un dios al estilo de una religión monoteísta. Para los mapuche cada uno de los elementos de la naturaleza está provisto de una energía, desde el más insignificante hasta el más monumental; además, todos esos elementos son igualmente sagrados, inclusive el lenguaje que los nombra (por eso se llama mapudugun o mapuzugun, según la región, porque se considera que no es un idioma simplemente sino que es el habla de la tierra). El conjunto de toda esa energía, esa fuerza, que ellos llaman NEHUÉN es el NGUENECHÉN.

En la rogativa, todo el ritual está dirigido a contactarse con toda esa energía, con todos los elementos de la naturaleza. Hay una mística muy particular en esto, no muy fácil de comprender para los no-mapuche. Por eso no aceptan personas de otras culturas en sus ceremonias, porque interfieren en esa compenetración, que sus figuras destacadas realizan en trance.


(4) Ngullatún El lugar escogido para la realización de la ceremonia de ruego se erige en un altar -rehue- construido con cañas -colihues-. A su alrededor se realiza la danza del pürrum, que se repite varias veces durante la reunión y es el ritual más colorido del Nguillatún. Los bailarines reciben el nombre de treguel –tero-, pues sus movimientos durante la danza son muy parecidos a los del ave.
Adornan su cabeza con un penacho de plumas de colores –anem-Los Mapuche creen que cada pluma le concede al bailarín un atributo de un ave.

Así, la pluma del cóndor –manque- concede poder; la del aguilucho –ñancu-, vista poderosa, elegancia y serenidad; la del búho –nuco-, agudeza visual nocturna; la del ñandú –choique-, velocidad en la carrera.

Estos "bailarines emplumados", se acompañan con tres instrumentos sagrados: la flauta de madera –pifulca- que llevan los hombres colgada al cuello; una caña ahuecada -trutruca-, donde se inserta un cuerno de vaca y el sonido es similar al bramido de un toro; y el tambor de madera forrado con cuero de caballo –cultrún- cuyo palillo se decora con hilos de colores que representan el arco iris... ¡y la alegría de la fiesta!



Investigación bibliográfica:
Maria Rosa Perea : Shou

Comentario:

estoy_viva dijo...

Casi hemos coincidido en la vuelta, espero que ya estes recuperada del todo, y me alegro que hayas viajo y no dejes esta historia que tanto me gustan mas cuando es una leyenda.
Con cariño
Mari

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Mis pequeños soles te dan las gracias por tus palabras

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